SUPÉRATE A TRAVÉS DEL AUTOCONTROL

Autocontrol
Todos los sistemas del cosmos tienden al equilibrio

LO QUE SE DICE EN LA INTRODUCIÓN

El autocontrol es esencial para regular la existencia de cualquier sistema vivo, o, inorgánico; de cualquier sistema animal o humano. Esto quiere decir que cuando hablamos de autocontrol en la esencia humana, en su mente o su psique, nos estamos refiriendo a un hecho muy antiguo y primario. Este es el motivo que por el cual no abordamos directamente el autocontrol de la conducta y la mente de los hombres desde el primer capítulo sin antes no haber realizado una reflexión previa sobre el tema.

Por eso, el primer capítulo de nuestra obra hace una consideración muy general sobre el equilibrio de los sistemas en el cosmos; es decir, el equilibrio en el cosmos es también la expresión del equilibrio en lo humano, pues, no podemos entendernos sino como seres que habitan un sistema físico del cuál somos parte.

Todas las cosas se regulan por sí mismas en fases diversas de cambio, por ejemplo, la muerte de una estrella es el fin de una fase que da principio a otro sistema que a su vez dará origen a una nueva estrella. Los puntos de cambio de los sistemas son fases de desequilibrio, de crisis, de derrumbe de un orden, y por la tendencia que todo tiene a la estabilidad hace posible la aparición de algo nuevo en equilibrio y autocontrol. Podríamos decir que esta es una ley primaria y universal por la que básicamente todas las cosas funcionan.

Autocontrol
La mente es un sistema que tiende al equilibrio

Esto tiene un reflejo en la realidad biológica, mental y social de los seres humanos, y ese es el contenido del segundo capítulo que lo titulamos «Autocontrol y equilibrio en lo humano». Vivimos como en un triángulo equilátero donde el ser humano existe y donde su equilibrio es posible: un lado lo conforma su cuerpo, otra su mente, y un tercero la sociedad; cualquier desequilibrio en uno de esos tres lados produciría la desaparición de triángulo bajo su condición de equilátero. Cualquier desequilibrio en lo corporal, en lo mental, o en lo social, haría desaparecer la armonía del ser humano como tal, y podría entrar en una fase de descontrol y cambio. En este libro nos planteamos la pérdida del autocontrol con referencia a la realidad psicológica y social del individuo, y no a la corporal.

Nos planteamos, pues, cómo nos afectamos los unos a los otros, cómo lo hacemos si perdemos el control de nuestra conducta, en una sociedad extraña, con el peligro de desequilibrarnos; cómo afecta esto a las cosas de la cotidianidad de la vida diaria. Influimos en el entorno y éste nos afecta a nosotros; de todo este proceso nace nuestra propia identidad autocontrolada o descontrolada...

En el capítulo tercero abordamos la temática de una de las conductas más animal y antigua que pueda existir, la conducta agresiva. Partimos de una idea: a toda frustración el individuo responde con una determinada conducta de descontrol -agresión- (hacia sí mismo o hacia los demás), y, desarrollamos el concepto de una sociedad donde la frustración es frecuente, y nos preguntamos qué tipo de respuesta da el individuo ante esta realidad, y como puede manejarla.

 

Autocontrol
No podemos admitirnos "malos" y "buenos" al mismo tiempo

En una sociedad del descontrol se llega a la alienación -locura- con mucha facilidad, por lo que es necesario resucitar los valores humanos y el respeto. En una sociedad del desequilibrio se adoran becerros de oro, uno de ello es la lucha sin tregua del éxito personal, no importa a qué precio. Esto lleva a una sociedad ferozmente competitiva, al despropósito, en la que ser el número uno es el mito más importante y peligroso. Todos los que quedan por debajo del número uno son seres frustrados. Seres que no han logrado su objetivo de vida en algún sentido. Esta es la ley de la máxima competencia, por otro lado absurda e inhumana.

En el capítulo cuarto abordamos la idea del conflicto como un hecho connatural a las conductas de descontrol personal. Creemos que el ser humano no puede escapar nunca de un cierto nivel de conflicto; existe un conflicto normal y otro patológico; se pueden desatacar los conflictos a través de la comunicación, de la afectividad, de la autoestima y del autocontrol.

En el capítulo quinto llegamos a analizar cosas frecuentes que nos hablan de la posibilidad de perder el control, y que popularmente se conoce con la expresión «perder los nervios».

Por ejemplo, todos nos creemos buenos aunque comentamos desmanes, esto lo llamamos teoría de la disonancia cognoscitiva: no podemos admitirnos malos y buenos al mismo tiempo (Al Capones creía ser un benefactor de la humanidad).

En el capítulo sexto nos planteamos el autocontrol en un ambiente muy concreto y esencial como el que se da en el medio laboral. Una premisa fundamental es la de retomar el tema del conflicto en la empresa y los medios para evitarla.

 

En el capítulo séptimo abordamos el autocontrol desde la perspectiva de otro ambiente esencial para los seres humanos: el de la familia. El autocontrol es algo que poco a poco vamos aprendiendo en el medio familiar con relación a sus diversos miembros.

Existe un factor de autocontrol primordial: el control de las emociones básicas (alegría - tristeza -p.e.-) en los niños muy pequeños, y, luego todo el ámbito de la afectividad de cara al padre, a la madre y los hermanos.

La familia es la base del autocontrol, si en este medio no se alcanza un grado de madurez adecuado difícilmente podremos adquirirlo posteriormente.

En el capítulo octavo hablamos sobre el estrés, en el sentido de que podríamos considerarlo como un efecto directo de una cierta conducta descontrolada. Cuando no poseemos una vida dinámica equilibrada, autocontrolada, fenómenos como el estrés puede hacer graves daños a nuestra salud psicológica y corporal.

En el capítulo noveno nos preguntamos sí todo no es cuestión de hacer un alto en el camino, y, aprender a reflexionar, a relajarnos, a tomar el timón de nuestra vida a partir de mirar hacia el interior de nosotros mismos.

 

(continua)