NEUROGRAFOLOGÍA: LA MANO QUE ESCRIBE Y EL CEREBRO QUE CONTROLA (1)

ARTÍCULO

Escribimos porque somos seres bípedos

 

No cabe duda que cuando escribimos los hacemos gracias a la capacidad motora del cerebro; pero, claro, este asunto no es únicamente cuestión de motricidad, como si fuéramos robots biológicos (que en cierta manera lo somos). Mover la mano y el antebrazo es esencial para ejecutar esta conducta.


¿Cómo se logra dicha funcionalidad anatómico-fisiológica? La neurociencia lo explica con cierta objetividad, asunto que tendré como meta principal del artículo.

 

Para escribir, el cerebro hace uso de diferentes sistemas neuronales [conjunto de células conectadas para transmitir un determinado bloque de información]. Es una conducta de lo más compleja que puede ejecutar el Sistema nervioso. La base motora del movimiento del antebrazo (y de la mano) resulta, como es obvio, imprescindible para ejecutar la escritura: de aquí la importancia que para el grafólogo tiene el conocimiento básico de lo que acontece en este sentido.

 

Si comparamos algunas capacidades cerebrales: hablar, por ejemplo: se efectúa a través de las cuerdas vocales (que acontece como conducta motora), y, escribir, se ejecuta gracias a la cinética manual (psicomotricidad fina): valga la metáfora siguiente: "la capacidad motora de las manos son las cuerdas vocales de la escritura"…

Lucy
Lucy, nuestro antepasado austrolopithecus con aproximadamente más de 2 millones de años

La antigüedad que poseen las manos (liberadas de la posición cuadrúpeda)

 

Hay que hacer una gigantesca retrospectiva en el tiempo para entender cómo pudimos, en el  lejano pasado, liberar las manos en la especie homo (como la denomina el paleontólogo Juan Luis Arsuaga: "La especie elegida"). Aconteció una gran revolución al llegar a la bipedestación (sostenerse y andar únicamente con los pies) que es muy difícil entender científicamente a nivel anatómico ya que es algo así como la cuadratura del círculo. Por entonces, teníamos un cerebro tan pequeño como el del chimpancé actual (y eso fue incluso antes de que existieran nuestros ancestros los  australopitecidos (australopithecus: —austral= sur y phithecus= mono— quizás hace unos 5 o 3 millones de años —australopithecus afarensis—). Después de homo hábilis, desarrollamos un significativo volumen de masa encefálica muy llamativo en homo ergaste, un millón y medio de años después, en homo sapiens  (volumen medio de unos 1.250 cc) bastante superior si se compara con lo que es habitual en otros mamíferos.

 

Pero mucho antes estuvimos en disposición de usar y hacer herramientas muy complejas, hablar, aunque pintar, hacer objetos muy precisos, ser espirituales, etcétera, tardamos otro tanto hasta alcanzar la cercana cifra de entre unos 60.000 a 30.000 años (ya como homo sapiens).

 

Todas estas capacidades neurofisiológicas permitieron que se pudiera desarrollar una cultura basada, en gran parte, en las manos: por ejemplo, la escritura es un hito evolutivo, grandioso, propio de la singular manifestación de la naturaleza homo, y aunque escribir se relaciona con el lenguaje, ésta tiene por sí misma profundas singularidades neuronales y mentales (cognitivas).

 

Aquí relacionamos eventos, como ya expresamos, que se desarrollaron en periodos ingentes de tiempo, casi impensables, si lo comparamos con la duración de una sola vida humana.


Desde el momento en que escribo este artículo, hasta el pasado, en que se desarrolló la bipedestación, repito, según los cálculos de los paleontólogos, han transcurrido aproximadamente, entre cinco y siete millones de años, con lo que aparece un primate homo muy arcaico; y con ello, la liberación de las manos de una manera ya muy distintiva. Así que ya tiene años este asunto. Las cifras tienen muchos bailes según los diversos autores, restos como las huellas homínidas bípedas de Laetoli, datadas con una antigüedad de 3,5 m.a., y se ponen en relación con los austrolopitecos afarensis. 

Regiones del cerebro (Dibujo 1)
Regiones del cerebro (Dibujo 1)

Los sistemas y regiones neuronales que hacen posible la motricidad de las manos

 

Una de las dimensiones que evolucionó en nuestra especie fue la zona de los lóbulos frontales (proceso de encefalización —telencefalización creciente—) aunque se dispusieran otras estructuras cerebrales primigenias de alguna otra manera. El cerebro sufrió en este proceso una gran revolución.

 

Es verdad que la escritura es de las conductas que más proyecciones presenta sobre el córtex, pero, lo que ahora nos interesa, es sencillamente describir qué regiones y sistemas están implicados en la movilidad de la mano y el antebrazo. Para ello, lo primero, es ver qué áreas están interviniendo.

 

Por una parte, los movimientos voluntarios de la mano y el antebrazo emplean dos vías neuronales: una que lleva los estímulos hasta el córtex (aferencias) y otras que parten de los impulsos motores generados en la corteza cerebral hasta la mano y el antebrazo (eferencias). Nos vamos a centrar únicamente en el proceso de las eferencias.

Vía corticoespinal (Dibujo nº 2)
Vía corticoespinal (Dibujo nº 2)

Vía eferente

 

Después de la participación cognitiva múltiple del cerebro, para mover la mano, y ejecutar el movimiento voluntario de escribir, pongamos por ejemplo, de una simple «f», interviene, al finalizar el proceso cognitivo, la acción motora, situada en una región de los hemisferios cerebrales denominada somatomotora. Para visualizarlo recuerdo al lector que quizás viera algún cerebro donde aparece dibujado, casi de modo esperpéntico, las diversas partes del cuerpo: la lengua, la cara, el brazo, el pie,… indicando las zonas de proyección motora: también la mano posee su región. Ahí están las células especializadas conocidas como neuronas corticoespinales (ver dibujo nº 2) encargadas del movimiento motriz.

 

Desde el soma de esta neurona parte un largo axón, que junto a otros, forman haces de nervios que constituyen las vías motoras implicadas en mover la mano y el antebrazo y ejecutar el movimiento que posibilita, entre otro, escribir. En este caso, parte del trazo que permite dibujar la grafía de la letra «f». Así, pues, en esa área hay unas células corticalespinales (que forman fibras) que se conectan a la mano (ver de nuevo el dibujo nº 2) a través de sinaptar con otras neuronas a nivel medular. 

 

Para no perdernos en la complejidad de esta función hemos representado (ver otra vez el dibujo nº 2) una sola neurona corticoespinal (se llama así porque su acción llega desde la corteza cerebral hasta la médula espinal y de ahí al antebrazo y la mano). En concreto, las numerosas fibras corticoespinales correspondiente al antebrazo y mano alcanzan la médula a nivel cervical, y conectan con otras neuronas que son ya las propiamente motoras (que se inervan con los músculos) de la mano y el antebrazo.

 

Para que los impulsos aferentes y eferentes se trasladen de la mano a la corteza, y a la inversa, estas fibras atraviesan varias regiones del sistema nervioso central, muy esquemáticamente vamos a describir el paso por todas estas regiones implicadas a través del dibujo nº 1 (ver):


(A)   Las fibras corticoespinales se adentran hacia el interior del cerebro, atravesando todo el tálamo (ver). El tálamo, que en realidad se compone de varias regiones: el hipotálamo, el subtálamo, el epitálamo y el tálamo propiamente.

 

(B)   Las fibras siguen penetrando en el interior del cerebro, sin contactar con ninguna neurona de estas regiones, por el mesencéfalo (ver), que es una zona muy arcaica.

 

(C)   Atraviesa también la protuberancia (ver) que es una región que se combina con el cerebelo y que en embriología ambas tienen un mismo origen en el tubo neural.

 

(D)   Penetra hasta el bulbo raquídeo (ver) saliendo por el foramem magnum (ver) que es una cavidad ósea que tenemos en la base del cráneo por donde aflora la columna vertebral y que contiene la médula.

 

(E)   El axón de la fibra corticoespinal, finalmente, frena su recorrido a nivel de las cervicales (zona de la columna vertebral) y contacta con otras fibras nerviosas denominadas motoneuronas (ver) que van desde la médula hasta enervarse con los músculos del antebrazo y la mano (ver), con lo que podemos realizar movimientos (eferentes) y aparecen también en el camino algunas neuronas asociativas medulares.

 

Así, de esta forma, movemos las manos, aunque todo es mucho más complejo de lo que describimos aquí, pero, recordar que escribir no es un acto automático, en el sentido reflejo motor, sino que hasta lograr llegar a ejecutar las órdenes oportunas a nivel de fibras corticoespinales han debido suceder muchos otros fenómenos cognitivos, que se relacionan con recordar el movimiento que se precisa para escribir esa simple «f»:  buscar el movimiento gráfico, su significado dentro de otro conjuntos de acciones, etcétera, pero, ahora, y finalmente, se trata de saber cómo movemo la mano, y los automatismo que implica este sistema ya descrito.

 

Por ahora, nos quedamos ahí, en este proceso final, que solo es el bosquejo de otras muchas funciones neuronales implicadas en el hecho de escribir una simple «f» sin que se haya tratado otras cuestiones esenciales.

 

Cuando vayas a mover las manos piensa en algunas de las cosas que suceden en nuestro cerebro homo.

 

(Este artículo se puede reproducir citando la fuente)

 

José Francisco González Ramírez (psicólogo y grafólogo)

 

Autor de “El lenguaje simbólico de la escritura”, Editorial EOS (Madrid)

eos@eos.es


EL LENGUAJE SIMBÓLICO DE LA ESCRITURA

Grafología
Presentación de mi libro en Madrid

      El libro fue publicado en enero de 2011 en la editorial EOS (Madrid) y se titula:

EL LENGUAJE SIMBÓLICO DE LA ESCRITURA

(Su interpretación desde la Grafología)

 

   En ella puedes encontrar ejercicios prácticos y cuestionarios diversos para analizar la escritura. 

 

Presentación - Video

 

Más información en PDF hacer click AQUI.


Ponencia en SOESPGRAF (Sociedad Española de Grafología)

Grafología simbólica

Se celebró con éxito:

La presentación fue en la Sociedad Española de Grafología en una jornada sobre simbolismo en la escritura con una acogida cálida por parte de los asistentes, que fueron en buen número. http://grafologiapractica.blogspot.com/, exponemos los contenidos básicos desarrollados allí.


GRAFOLOGIA EN LA SELECCIÓN DE PERSONAL

Grafología en la selección de personal
Descubre los aspecto de tu personalidad

SINOPSIS DEL LIBRO

ISBN 84 8403 985 4

La grafología permite determinar diferentes aspectos de nuestra personalidad basándonos en nuestra forma de escribir. Una persona optimista, abierta, extrovertida, alegre escribe diferente que otra que sea depresiva, introvertida o tímida, por poner un ejemplo.

Este libro descubre algunas claves para el lector relacionado con la selección de personal y los escritos de una persona. Hay aquí abundantes ejemplos prácticos que facilitan la comprensión de estos procesos. Contiene una profusa información útil también para la empresa que busca un candidato con unos rasgos de personalidad determinados, o para el trabajador que busca un nuevo empleo y que debe enfrentarse a exámenes como es el caso del escrito a través de la escritura.

 

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MIS ARTÍCULOS Y COLABORACIONES

Sumi-e y la grafoterapia.

Sumi-e
Sumi-e y grafoterapia

Cuando me inicié en el conocimiento de la grafología hace algunas décadas lo que menos pensaba era que la grafoterapia podría llegar a ser para mí una de las piedras angulares. Pero resultó ser esencial cuando me acerqué a estudiar el arte de «sumi-e» al que en mi último libro le dedico dos capitulo como técnica que apoya y es fuente de inspiración para la Grafología. En esta obra escribo: 
“La pintura «sumi-e» y la caligrafía japonesa, influenciadas por las filosofías orientales y la espiritualidad zen, son artes que desarrollan el espíritu y posibilitan el encuentro con el interior. «Sumi» significa tinta y «e» (pintura)…”
El «sumi-e» lo que trata es de transmitir emociones con los tonos de tinta negra sobre el papel blanco, hay una intencionalidad para expresar los estados de la mente y serenar el espíritu con su práctica, ¿no sería éste uno de los fines principal de la grafología como terapia pero en vez de usar ideogramas orientales hacerlos con los signos de nuestro lengua que tienen también una raíz muy antigua? 

Sumi-e
Grafoarmonía

Sería para nosotros un redescubrimiento sobre el carácter mágico de nuestra escritura, su uso y finalidad, y por supuesto se observaría el inicio de una nueva pedagogía para este aprendizaje.
 («La misma filosofía que mantiene en oriente sobre el carácter espiritual de la escritura podemos nosotros asumirla con nuestro alfabeto…El sonido de las palabras y el grafismo de la escritura está justamente encerrado en lo más profundo de nuestra espiritualidad»)
La grafoterapia fomenta romper con determinados hábitos y, trata de modificar la personalidad armonizándola con el acto de escribir, el «sumi-e» es «una práctica artística que busca la espiritualidad y la paz interior», ambas trabajan la concentración al mismo tiempo que evitan la dispersión de la mente.
Algunos maestros grafólogos hace ya muchos años que nos dijeron que en la escritura podemos ver y recrear la armonía de la personalidad, y que un objetivo realmente sorprendente sería que cada cual lograra llevar su propia armonía al acto de escribir… y ¿no sería esta la mejor forma de aprender para nuestros niños en la escuelas?... 

Sumi-e
Podemos proyectar nuestra armonia

(«…dibuja letras sin vacilación ni miedo… lleva a tus dedos la danza del movimiento armonioso para que te sientas bien contigo mismo… sé espontáneo y no vaciles, pero si vacilas y controlas es otro nivel de aprendizaje… evita el retoque porque en la vida es imposible retocar lo ya vivido… pon en la escritura tu propia percepción interior, expresa tu alegría y tu tristeza… hasta que sientas en ti mismo que existe la armonía… (ejercicios)»)
Tratado en el libro:  “El lenguaje simbólico de la escritura”  editado en la Editorial EOS (Madrid) y distribuido en Sudamérica y España. 


SUBIRSE AL PUNTO DE LA «i»

El punto de la "i"

De siempre me ha llamado la atención el punto de la «i» en forma de circulito, o disquito, que no es exactamente un punto, sino que posee el carácter de un óvalo situado fuera de su lugar y contexto. Digo que esa es la sensación que recibo cuando veo un punto que no lo es y adopta esa forma tan peculiar que a veces resulta un tanto encontrado, misterioso y artificial. Es como si alguien hubiera decidido escalar a las alturas, exaltarse por encima de su propio «Yo», quizás enalteciéndose fuera de sí. Claro que ese punto asimismo inicia una danza que va hacia la derecha o hacia la izquierda, o cae (o sube) más o menos sobre su vertical.

Cada grafólogo tiene su «librillo» para dar una versión de su significado, yo no pretendo caer en la simplicidad de interpretar a una persona por un solo indicador, estuviera bueno, pero, como expresión motriz dentro del espacio simbólico parece impresionante lo que la mente puede proyectar.

Para Matilde Ras, que yo sepa, le indicaba grados de anormalidad psíquica y que en su expresión más extrema mostraba incluso signo de demencia; o de manera más leve, era un indicador de exhibicionismo, incluso excentricidad neurótica.

Para Muñoz Espinalt el óvalo de la «i» simbolizaba la personalidad que ha sobrepasado su propio estado natural que se correspondería con el centro del espacio gráfico de la escritura donde el «ego» encuentra y ubica su naturaleza simbólica. Y ese óvalo de la «i», ¡por supuesto!, ha subido hacia arriba, ha perdido su ubicación, y quiere estar en las alturas, más allá de la realidad. Se ha desplazado, se ha desorbitado, ha huido de su hogar…

el punto de la "i"

¿Pero eso es malo o bueno? Ni bueno ni malo. Freud fue quién hace ya tantísimos años dijo que la mente humana tiene un poco de todo, y que nuestra salud mental se mueve por una cuerda bipolar entre lo neurótico y lo psicótico, a veces la mente se revuelve peligrosamente en los extremos.

No he tenido la ocasión ni la oportunidad de tener muestras de personas que sufren estos extremos. Pero ese puntito de la «i» fuera de su lugar natural lo he observado cientos de veces en las personas más corrientes, y lo he visto relacionado de forma muy diversa unas veces como signo de estrés en ejecutivos, de creatividad en artistas, de excentricidad en histéricos, de singularidad neurótica de muchos tipos, y de rompimiento energético…

Muchos prestigiosos grafólogos nos han dicho desde siempre que ahí arriba está el alma del poeta, pero también el de la personalidad dictatorial, el del idealismo extremo, y lo emplean los dogmáticos y pero también los filósofos más altruistas y abiertos…

Por eso pienso que ese puntito de la «i» hay que interpretarlo en función de la personalidad de quién lo hace, y puede estar indicando una situación circunstancial, pero, ¿por qué no?, también unos rasgos de personalidad permanentes…

Me encantaría llenar líneas y líneas sobre la significación de este gesto minúsculo, pero, no deseo cansaros más. Me gustaría tener vuestra opinión al respecto.

 


SOBRE EL ÓVALO, O EL PRINCIPIO DE LA REALIDAD

óvalos
Letra de una niña con dificultades en la escritura

Siguiendo mi artículo anterior sobre el punto de la “i” y que titulé: “Montarse sobre el punto de la i” (leer) no cabe duda que ahora hay que bajar de las alturas hacia la zona simbólica de la realidad, al centro de todas las cosas, donde controlamos el impulso y dejamos un poco al margen los idealismos y nos centramos en lo práctico… Hablamos del lugar donde se asienta de manera muy curiosa el «ego», o el «Yo» manifestado.

Grafológicamente trátese aquí de las formas ovaladas que se ubican en la zona centro por excelencia. Quizás como escribiera Nanot recogiendo la teoría de otros grafólogos: «El óvalo es la imagen gráfica más ingenua y simplificada que tenemos de la personalidad, y hasta cierto punto pudiera decirse que representa la cabeza…»; ¿y qué hay en la cabeza sino ideas, pensamientos, actitudes, cogniciones, conductas verbales?... «Ego», o «Yo »manifestado

Quién ha estado trabajando con niño pequeños en las escuelas (o en las consultas) sabe que la figura humana o, imagen corporal, representa al cuerpo. En el niño pequeño (dos-tres años) lo expresa en un dibujo que suele ser una especie de «renacuajo»; es decir, la primera impresión que sabemos proyectar gráficamente de nosotros mismos se centra en los multiformes óvalos de los críos, a veces picudos, a veces abiertos, empinados… sobre los cuales salen alguna rayas que representan los otros miembros como piernas, brazos, tronco, cuello, etc.; pero, es en el en el óvalo central donde aparecen otros óvalos que pueden ser los ojos, la nariz, la boca…

El ovalo de la "o"
Niño trabajando en el proceso de la preescritura, observe como realiza la "pinza"

¡No cabe duda!, la imagen corporal tiene para la formación de la propia personalidad evolutiva un valor importantísimo de desarrollo psicológico, e inequívocamente de representación cognitiva, pero principalmente está la zona emocional y afectiva... (Debemos diferenciar entre lo que es el «esquema» de lo es la «imagen corporal», esta última de máxima significación psicológica)

Si esto es así, y claro que está muy estudiado en la psicología proyectiva (o dinámica) desde hace mucho tiempo: ¿cómo este hábito del que venimos hablando, y tan primario, en el desarrollo infantil, no iba a ser motivo central para proyectar la propia personalidad sobre cualquier óvalo de las letras en su morfología ovalada cuando ya escribimos? ( «a, o, g, p, d, q, b») …

El hábito de la escritura, su psicomotricidad, que perdura durante la vida proyecta muchas visiones del propio “ego”, y así vemos que esos óvalos de la letras a veces se aplastan, o se abren, o se cierran…; a veces son redondas como circunferencias, o quiebras y punzantes, o tienen espinas en su interior... En ocasiones, se dejan abiertas por abajo como vaciándose, otras se abren a la derecha como deseando recibir o donar sin control, otras a la izquierda como haciendo una reserva… En fin, claras expresiones del mundo interior tanto consciente como inconsciente…

¡Por supuesto!, se puede afirmar que el “EGO” muestra su ubicación bajo el principio de la realidad en la zona centro. En término del Análisis Transacional (AT) ubicamos ahí al «adulto» que todo llevamos dentro, aunque también exista un «niño »y la autoridad de un «padre» que a veces resulta severo…

Me gustaría pedir la opinión de los grafólogos sobre este tema, y centrarlo en una exposición sobre la letra del óvalo más propia como es la «o». Me gustaría seguir opinando pero creo que resultaría muy larga mi intervención, así que paso la palabra.

 


GRAFOLOGÍA Y APRENDIZAJE

Grafología y apendizaje

Me inquieta considerar la escritura como un aprendizaje muy pegado a lo cerebral, pues, la psicología cognitivista que se iniciara hace muchas décadas con psicólogos como Piaget o Vygotskys, nos indicaron claramente que ambas cosas, lo ambiental y lo neuronal (biológico) deben madurar y desarrollarse en paralelo.

Jean Piaget, que era biólogo de base además de psicólogo genetista, y un gran observador de la conducta de los niños, al inicio de una obra titulada «Psicología del niño», escribe textualmente (en el capítulo I: «Inteligencia y adaptación biológica») lo que trascribo a continuación, me gustaría que los grafólogos cuando Piaget habla de «conducta» lo sustituyeran por «escritura» tal y como en el siguiente párrafo lo hago yo:

«Una conducta –escritura (es mío)- constituye, pues, un caso particular de intercambio entre el mundo exterior y el sujeto, pero contrariamente a los intercambios fisiológicos que son de orden material y suponen una trasformación interna de los cuerpos que se integran, las conductas–escritura (es mío)- que estudia la psicología -grafología-es mío-) son de orden funcional y operan a distancia cada vez mayor en el espacio (percepción, etc.) y en el tiempo (memoria, etc.) y siguen trayectorias cada vez más complejas (rodeos, retornos, etc.)… (…) Así concebida en términos de intercambios funcionales, la conducta –escritura (es mío)- supone dos aspectos esenciales y estrechamente interdependientes: Uno afectivo y otro cognoscitivo… (…)»

Si esto que nos dice Piaget lo aplicamos a cómo podemos llegar a realizar el automatismo en la conducta de escribir, y asumimos ese distanciamiento que aparece en la evolución del aprendizaje de la escritura en los niños, vemos que el trazo opera al principio a nivel muy motor y fisiológico, pero poco a poco se produce ese “orden funcional” cada vez más alejado de la pura motricidad para asumir el automatismo de los ámbitos lingüísticos y conceptuales, además de lo emocional y afectivo, que se adhiere ahora más a la mente que al cerebro en sí mismo. No es que neguemos la necesidad operativa del cerebro sino que hay un ámbito de la mente que transforma la escritura en rasgos simbólicos, en una tensión puramente mental, y por eso es posible interpretar en claves psicológicas aquello que se escribe (o sea, dicho de otra forma es posible la existencia de la Grafología)

 

Grafología
El cerebro sigue siendo ese gran desconocido