LOS PRINCIPIOS DEL  “DEJAR DE HACER”

Pintura acrílica sobre lienzo, obra propia
Pintura acrílica sobre lienzo, obra propia

No puedo AMAR si en mí no hay amor, no puedo ser pacifico si en mí no hay paz, no puedo equilibrarme en el entorno que me rodea si no estoy interiormente equilibrado. Lo de fuera es difícil que se de como conducta si antes no se ha vivido  en el interior de la persona. Así que para estar en el mundo de una determinada manera tengo que haberlo experimentado dentro y trasformarlo es complicado si estoy únicamente enfocado hacia afuera.

 

Así pues hay que estar atento a lo que  sucede dentro de uno,  guardar silencio y observar. Nos encontraremos con las sensaciones, las emociones  y los pensamientos. Si estoy rabioso  debo  contemplarme en ello pero sin nombrarlo, sin intelectualizarlo ni explicarlo, ni justificar ni intentar frenarlo,  no hay nada que imponer mediante la voluntad  sino que prestaré una profunda atención a lo que es todo el movimiento de esa emoción  y darme cuenta  de todo el proceso desde que empieza hasta que termina. Esa actitud implica una profunda remodelación interior y es motivo de  transformación, en el  caso de la rabia, experimento lo que es la rabia, la observo y en un instante veo sus causas y sus consecuencias, eso en sí mismo produce que deje de estar rabioso y  comience a vivir interiormente otra cosa.

Pintura acrílica sobre lienzo, obra propia
Pintura acrílica sobre lienzo, obra propia

El observador

La observación es una cualidad básica de la conciencia humana que nos permite mirar sin implicarnos ni inferir ni deducir al mantener  un  cierto distanciamiento emocional con nuestros objetos interiores. Actuamos si pensamos y nuestras acciones condicionan nuestra manera de pensar en un proceso de feedback continuo.

 

Observar nuestro pensamiento es una ejercitación muy interesante que pone al observador frente a las actitudes del ego. Uno debería tratar de ser consciente de lo que la mente está haciendo en cada instante, como nos generamos en cada momento al presente en una multitud de procesos emocionales, volitivos, de cognición, de sensaciones y percepciones… La mente está dinámicamente moviéndose con  una inmensa capacidad generatriz en todas las direcciones de la conciencia. Y ese universo en movimiento en lo que proyectamos hacia fuera en un hacer en las  actuaciones diarias. No es posible tener un arrebato de ira aquí y ahora si la mente antes no anticipó, sintió o pensó con relación a algo (causa); aunque el arrebato sea nimio y espontaneo.

 

Conclusiones:

  1. Lo que soy dentro es lo que se manifiesta fuera, así que si deseo conocerme a mi mism@ y me pregunto: ¿quién soy yo?, la respuesta pasa necesariamente por entrenarnos en la observación de nosotr@s mism@s.
  2. Dentro está el universo de la conciencia donde se manifiestan las emociones y cogniciones, lo que vivimos dentro se puede contemplar desde la distancia del hecho interior mismo como si fuéramos un espectador y eso en sí mismo es terapéutico. 
  3. El observador es la consciencia misma, no está implicado ni con los pensamientos ni con las emociones mismas, pero logra captar todo el movimiento psicológico que se produce en nuestro interior, eso en si mismo da respuesta a la pregunta misma de ¿quién soy yo?
  4. Nuestro observador lo podemos potenciar de manera intencionada si nos ejercitamos en contemplarnos sin implicarnos ni con juicios de valor ni con racionalizaciones sobre todo lo que hacemos, pensamos y sentimos.

José Francisco González Ramírez 

Psicólogo sanitario experto en Psicología de autoayuda

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