EL CUBO DE RUBIK Y SUS VIRTUDES INTELECTUALES

 

Es posible que pocos objetos de juego como el cubo de Rubik presenten tantos atractivos y retos para la inteligencia como la de este genial invento cuyas características lógico-espaciales de sus algoritmos son fascinantes. Llama la atención porque plantea una serie de retos mentales que muestran la peculiar organización en acción del cerebro humano.  

 

Un objeto que fascina por sus posibilidades intelectuales. Embelesan sus características combinatorias y planteamientos estratégicos al manipular sus partes móviles en un espacio tridimensional que imponen una serie de algoritmos en su especial estructura geométrica para llegar a la resolución del problema: que las cuatro caras del cubo queden en el mismo color.

 

"Un algoritmo se define como una secuencia memorizada de movimientos por el que se logra que las cuatro caras del cubo queden con el mismo color en sus 27 componentes (en el modelo clásico 3x3x3,)".

La cábala de un cerebro multisensorial

El cerebro es plástico, multifuncional y holístico, y nunca lineal como presuponemos aún hoy gran parte de la didáctica y los programas educativos. Es decir, que neurológica y mentalmente:

(a) hay personas que operan prioritariamente con imágenes visuales, de forma espacial, Einstein planteaba mejor sus teorías con el uso de imágenes que con las palabras;

(b) otros lo hacen primando el sentido abstracto verbal; el mundo semántico es de orden sonoro y abstracto.

(c) algunos son más olfativos, propioceptivos, psicomotores, gustativos...

El grupo profesional de los arquitectos, por ejemplo, operan más más con imágenes y se plantean los problemas con implicaciones y relaciones espaciales. No en vano, el creador de este fascinante juego es arquitecto y escultor.

Otro caso podría ser el grupo profesional de los novelistas, por poner otra referencia, tendrían en más uso un cerebro semántico o verbal.

 

El cubo de Rubik, claramente, es un objeto que provoca la acción del cerebro visual y pone a prueba la capacidad de resolver problemas espaciales (o en el espacio tridimensional). Estas aptitudes es un ámbito que ha estudiado la psicología desde casi su origen como disciplina científica. Hay incluso pruebas que miden el coeficiente intelectual de una persona en base a esa diferenciación verbal y perceptiva, como es el caso del famoso test de Wisc, donde aparen dos escalas básicas para evaluar la inteligencia y que se llaman: a) escala manipulativa o perceptiva y, b) escala verbal.

 

En el test de Wisc, la primera escala plantea problemas para resolverse mediante el juego de la manipulación de objetos físicos, o imaginativos, en base a relaciones perceptivas visuales en contextos y situaciones diversas, desde, por ejemplo, completar historias con imágenes seriadas, a la manipulación de varios cubos para formar figuras que completan un modelo.

La otra escala es fundamentalmente semántica, donde la información y la capacidad verbal que incluye la comprensión oral son fundamentales para resolver los problemas que se plantean.

 

El cubo de Rubik estaría claramente dentro de una hipotética escala manipulativa-perceptiva, y dicho de otro modo: estaríamos hablando de la parte del cerebro que trabaja intelectualmente con imágenes visuales que operan en el espacio.

La praxis antropológica en forma de cubo de Rubik Hay aspecto antropológico bajo el paradigma de este rompecabezas que me interesa también mostrar aquí por cuanto el cerebro humano ha evolucionado desde los homínidos hasta el ser humano de hoy.

Sabemos que la visión estereoscópica (tridimensional) la desarrollaron nuestros ancestros simios por la necesidad que tenían de calcular, por ejemplo, el salto de rama en rama, coger los frutos de los árboles y manipularlos, etc.étera. Así que el cerebro evolucionó, funcionalmente, de forma esencial en base a las percepciones espaciales y visuales en la que se les planteaban muchos problemas de la supervivencia.

 

El reto más maravilloso para los pre-humanos y el homínido humano, sucedió cuando comenzó a utilizar herramientas  (nacimiento de la cultura) para salvar una ingente cantidad de situaciones prácticas de la vida diaria y usó, por primera vez: la piedra como objeto tecnológico en la evolución durante el paleolítico y neolítico. O en las paredes de las cuevas como un espacio donde proyectar sus inquietudes internas (homo sapiens).

Así que hemos desarrollado un cerebro perceptivo-visual y manipulativo muy sofisticado y potente.

 

El antropólogo norteamericano Edward T. Hall especializado en arquitectura y diseño, nos dice en su obra: «Más allá de la cultura», que el hombre de hoy opera mediante las extensiones de sus sentidos y capacidades naturales (p.e.: el telescopio extiende la vista, la rueda la locomoción, el cuchillo los dientes…)

 

«Las extensiones ―escribe̶̶— suelen permitir al hombre resolver sus problemas de manera satisfactoria, evolucionar y adaptarse a mayor velocidad sin cambiar la estructura básica de su cuerpo».

 

Las extensiones nos permite que examinemos y perfeccionemos lo que está dentro de la cabeza porque al exteriorizarlo nos permite comprender las cosas mejor.

 

El cubo de Rubik nos plantea muchos problemas al tener que resolverse externamente, con la movilidad de sus elementos infiriendo soluciones parciales de tipo tridimensional y kinestésico en el interior de su estructura, bajo el prisma de la manipulación, las relaciones perceptivas visuales, la representación mental del movimiento en el espacio, la memoria, la imaginación; por supuesto, el razonamiento de tipo lógico deductivo e inductivo.

 

Las experiencias espaciales, el propio espacio, es el campo favorito de la arquitectura, ésta tiende a ser experiencias preferentemente visuales, o dicho de otra forma, el arquitecto, el escultor, el dibujante y el pintor, por poner algunos casos, piensan en términos de objetos ubicados en el espacio; es más, cuando piensa en términos de dibujos y trazados, de perspectivas, etc., cuando tienen un objeto físico en propio terreno espacial lo hacen manipulando con la imaginación sus aspectos tridimensionales.

 

Quizás un invento como el cubo de Rubik podría proceder exclusivamente de un tipo de personas eminentemente con un cerebro inclinado al razonamiento visual-espacial.

 

 

José Francisco González Ramírez (Psicólogo sanitario y educativo)