UBUNTU Y LA NO VIOLENCIA

Es muy importante tener en cuenta el concepto de UBUNTU, pues es algo muy profundo y que tumbó a todo un imperio en la India con Gandhi y en África con Nelson Mandela. 


Por tanto, no es sólo un método, es también un pensamiento holístico y emancipador que abarca a toda la humanidad. En una época de crisis -no sólo económica-, hablar de la obra de Gandhi y de Mandela es un desafío a la vulgaridad del pensamiento dominante. 


En la antigüedad como en la actualidad los fundamentalismos siguen inspirándose en las religiones. Tanto el terrorismo del Estado Islámico como el terrorismo de George Bush y ahora de Barak Obama, unos invocan a Alá y los otros invocan al Dios de la biblia, pero la no-violencia de Gandhi y UBUNTU de Nelson Mandela, se inspiran en los fundamentos de las religiones para iluminar un nuevo pensamiento social y político.


Gandhi de joven había mantenido correspondencia con León Tolstoi de quien recibió influencia. Es Tolstoi al que hay que atribuir el comienzo del pensamiento no-violento como acción política. Tolstoi había construido su pensamiento basándose en los principios cristianos de amor universal y devolver bien por mal, lo que le daba pie a rechazar en conciencia las leyes del estado que implicaran violencia. Esto le llevó a un enfrentamiento con el estado, por el que sentía un enorme desprecio y al que atribuía las mayores perversiones, las más destacadas: subyugar los ciudadanos y preparar ejércitos para hacer la guerra. Y ante esto sólo quedaba un camino: la objeción de conciencia.


Pero Gandhi fue mucho más lejos. Lo que en Tolstoi son intuiciones para una paz universal frente a la maldad de las leyes de los estados, Gandhi se convierte en un corpus teórico bien fundamentado construido en un sistema de valores que, basados en la no-violencia, sirven de reglas sociales para cualquier comunidad humana. Y que él pondrá en práctica, primero en la lucha por los derechos civiles de los indios en Sudáfrica, y luego en la India en la lucha por la independencia del dominio británico.


Gandhi no sólo recurrirá a la Biblia, también se inspirará en el Corán, el Gita y el Mahabarata, así como leyendo el Zen, Confucio y Buda. Pero será del Bhagavad Gita de donde extraerá la máxima de no hacer daño, el ahimsa, construido de una negación (a) y himsa , que quiere decir 'hacer daño'. Es decir, no causar daño a nada vivo: personas, animales o medio ambiente. Y que luego completará con las lecturas del Evangelio por su mensaje de amor, paz y perdón, y muy especialmente del discurso de la montaña, por el que siente una gran admiración. 


Así, el concepto de no-violencia creado por Gandhi no es una simple innovación en el mundo de las ideas. Tampoco se trata de una nueva utopía social, sino que es una revolución comparable en magnitud a la teoría de la separación de poderes de Montesquieu o de la plusvalía de Marx, y representa, como estas, un nuevo paradigma para la transformación social de la humanidad.


Esto es demostrable por la cuantía de seguidores que Gandhi ha tenido, tanto en el terreno de la acción política -Luther King, Petra Kelly, Nelson Mandela, Vandana Shiva, Aung San Suu Kyi, Dalai Lama, Ibrahim Rugova, Corazón Aquino y tantos otros- como en el terreno teórico de la no-violencia, donde la lista podría ser larga. Así, y hasta donde yo conozco, Italia es, por razones de proximidad, de donde nos han llegado textos de Lanza del Vasto, Lorenzo Milani, Aldo Capitini, Danilo Dolci y Giani Pontara; de EEUU, Gene Sharp, el académico que ha desarrollado la no-violencia como una metodología, y un largo sinfín de autores no traducidos en nuestro; de Francia, Jean Marie Muller; del Reino Unido, Bar de Ligt y Michael Randle; de Noruega, Johan Galtung, y Gonzalo Arias, el más conocido de España. 


Entonces, la sociedad no violenta debe construirse de abajo hacia arriba, de forma democrática, buscando el consenso y convenciendo a la gente para transitar por el camino de la verdad; que la búsqueda de la verdad sólo se puede encontrar a través de la reflexión con uno mismo, apelando a la conciencia y preparando el cuerpo y la mente para la lucha por la transformación; que para combatir la injusticia y prevenirla es necesario conocer y escoger las formas de lucha no-violentas; una vez delimitado de donde proviene el mal, convencer al rival, pero nunca destruirlo, ya que se debe respetar el contrario y hacerle justicia; trabajar para eliminar las desigualdades porque subyugan las personas, entre hombre y mujer y entre clases sociales, y en este sentido las desigualdades culturales y de estructura social; la no-violencia es un medio y un fin al mismo tiempo; que abarca toda la humanidad.


Nelson Mandela, después de su liberación en 1990 tras 27 años en presidio y, elegido ya presidente en las primeras elecciones democráticas en 1994, iniciaría las políticas de reparación y convivencia en su país. Un país en el que se habían producido crímenes contra la humanidad, según la Resolución 556 del Consejo de Seguridad de 13 de septiembre de 1984 y que tuvo como Estado una reconciliación democrática nunca vista, al diseñar un organismo el de la Comisión Verdad y Reconciliación que instauraría un sistema de reparación de las víctimas a través del relato testimonio y una amnistía para el perpetrador con la condición de reconocer que los actos de violación contra los derechos humanos fueran ejecutados en base al seguimiento normativo de un sistema político, el del apartheid.


Los informes producidos por la Comisión Verdad y Reconciliación, creada en 1995 con el fin de establecer reparación a las víctimas una vez acabado el régimen del apartheid, que para muchos ha sido ejemplo en su actuación, reunió testimonios de personas víctimas de violación de derechos humanos, pero también de los verdugos, quienes declarando sus actos y crímenes y solicitando el perdón de las víctimas, se acogían a una ley de impunidad. Es en este punto precisamente donde se centrarán las mayores críticas hacia la Comisión, por permitir que actos que violentan los derechos humanos queden impunes. En este sentido Philippe Joseph Salazar, experto en la transición sudafricana, se preguntaba en el año 2009 sobre las razones para que “el primer régimen criminal, declarado crimen contra la humanidad, después del régimen nazi” no fuera sometido a un juicio internacional cuando reunía todos los requisitos para ello.

 No podemos hablar de la transición sudafricana del apartheid a la democracia, sin tener en cuenta a esta Comisión, clave a la hora de la reparación y de la amnistía, cuyo significado y consecuencias trasciende con mucho el derecho a la verdad, derecho fundamental en cualquier sociedad, por el que se informaba sobre los actos desarrollados durante el apartheid, tanto para los afines al régimen como para los que lucharon en su contra. Los miembros, diecisiete en total, fueron elegidos por Mandela de una lista corta de veinticinco candidatos seleccionados sobre doscientos noventa y nueve. La Comisión creada bajo el paraguas de la Ley Promotion of National Unity and Reconciliation Act del gobierno de Nelson Mandela tenía la potestad de amnistiar, si bien sus actuaciones no constituyeron en ningún momento un proceso judicial pues lo que buscaba era la reconciliación basada en la narración por parte de los verdugos de sus actos y en su arrepentimiento y petición de perdón a las víctimas. En este sentido Desmond Tutú, presidente de la Comisión diría que sin perdón no hay reconciliación, y que no puede haber perdón si con anterioridad no ha existido confesión.


Es posible que la actuación y repercusión que tuvo la Comisión en la sociedad sudafricana no hubiera sido posible sin la actuación de Mandela y sin el concepto filosófico que impregna ese continente y que se conoce con la palabra ubuntu, palabra que viene de las lenguas zulú y xhosa: “yo soy porque nosotros somos”, así lo resumiría Nelson Mandela. Pero para Madiba, Ubuntu era algo más, era respeto, ayuda, compartir, comunidad, cuidado, confianza, desinterés. El sistema filosófico conocido como ubuntu, trata de explicar una realidad social en la que el yo no existe si no es en función del otro. El yo no se puede construir sin el vosotros, sin el tú. En un momento clave para Sudáfrica como fue el post-apartheid, en el que había que crear una nueva realidad social y política, Mandela y sus colaboradores, acudieron a sus raíces filosóficas, al ubuntu. La víctima necesitando escuchar del perpetrador sus actos, conocerlos y saberlos, para poder vivir con lo que no se puede entender. Escuchando, pero también narrando sus experiencias, en una especie de catarsis colectiva donde el verdugo habla pero también escucha, a sí mismo y a  los demás. Narraciones y reparaciones donde se pone de manifiesto la filosofía ubuntu, “mi humanidad se hace posible a través de tu humanidad”, soy humano porque tú me haces humano.

La filosofía ubuntu aboga por recordar el sufrimiento sin sentir el rencor y la amargura en pos de conseguir una vida en paz, sin venganzas. “Yo soy lo que soy por lo que somos todos”. Un enlace intercomunitario, donde la fuerza de uno reside en la de los demás y donde los vínculos con otras sociedades funcionan de manera transversal y no en organizaciones centrales y jerárquicas. Cohesión e integración social basada en un todo regido por una ética universal de fuerza del todo frente a la debilidad de la individualidad.

 Si pensamos en la realidad social una vez suprimido el país, ciertamente nos preguntamos cómo fue posible la etapa transicional sin el derramamiento de sangre. John Boorman, en la película “Country of my skull” protagonizada por Juliette Binoche y Samuel L. Jackson, nos muestra los trabajos de la Comisión al mismo tiempo que nos permite observar el clima social existente en la etapa post-apartheid. Un crisol de víctimas y de perpetradores, de culturas y de lenguas unidos por ubuntu. Una aceptación del pasado con una única mira, la de una nueva realidad social y política donde todos son y significan. La solidaridad y la filosofía ubuntu fue clave en el proceso de reconstrucción nacional de Sudáfrica, como lo había sido desde joven en la de Nelson Mandela.


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