LOS HOMBRES Y LAS MUJERES: ¿DOS CEREBROS IRRECONCILIABLES?

Un buen día se encontró discutiendo por una solemne tontería con la mujer que suponía sería su pareja para toda la vida: «El amor es eterno mientras dure». Ya sabes, es lo que canta Joaquín Sabina. Muchas veces, ella y él, habían comentado esa frase a risa partida porque ¡hay que ver qué cosas tiene Sabina!..


Y es verdad, ¡se habían dicho tantas maravillas!: «Somos dos almas gemelas»…, «Pensaba que jamás te iba a encontrar»..., «Te necesito…»…, «Sin ti, cariño, no soy nada»..., «Siempre juntos»…, «Una sexualidad placentera y magnífica»..., « Planes»…, «Poesía, arte, seducción»…, «Risas»…, «Alegría»…

 

¿Te suena a enamoramiento?

 

Pero él, aún hoy, sigue sin enterarse bien qué es lo que le había sucedido. No creas que va a decirte: «Ella es culpable»…, «Soy un incomprendido»…, «Pobre de mí»…, «¡Qué mal lo estoy pasando!»…, «Ella me ha engañado», «¡La odio!»… «¡No!, ni mucho menos». Tampoco va a gritar eso de que: «Soy un impresentable», «La culpa es mía!»…, o confesarte confidencialmente la monserga de que tiene la autoestima por los suelos.

 

¿Te recuerda quizás al desamor?

 

Lo cierto es que unos meses después estaban muy lejos el uno del otro, huérfanos, al menos él si lo estaba porque los hombres son más lloricas que las mujeres aunque se las den de duros. Como si jamás se hubieran conocido. Mientras tanto Sabina seguía cantando por todas partes : «El amor es eterno mientras dure…».

 

Era la ahora del desencanto: «Ansiedad, sufrimiento, deseos de llegar a la puñetera tumba...», «Poemas tristes...», «Vida alicaída...», «¡Duelo!..»

 

Bueno, pero también el desamor es eterno mientras dure.

 

Ahora son tan extraños como dos extraterrestres de dos galaxias bien distantes, aunque cada uno haga su vida justo a solo unos 555 kilómetros.

 

Te puedo asegurar que después de dos años él sigue preguntándose: «¿Pero qué diablos ha podido pasar? , y eso que ambos eran psicólogos, «¡Dios mío!—ya te veo venir―, ¿hasta los psicólogos ―dirán muchos— andan con estas cosas?» Pero no te desanimes, no pasa nada, yo te aconsejo que sí, que visites a un psicólogo si estás con esas tesituras, y ¡sé valiente!

 

Ella era ps clínica y él ps de la educativa.

 

El caso es que durante aquellos malos momentos, porque, aunque pongamos en juego todo el buen humor del mundo, son malos momentos. Ella como mujer tenía un cerebro y él como hombre otro. Pero todavía dijo, quizás como un último recurso: «Por favor lee a John Gray: Los hombres son de Marte, la mujeres de Venus».Pero él estaba para pocas lecturas. No, ¡no señor!, muy pocas lecturas.

 

«Imagina―escribe Gray que los hombres proceden de Marte y las mujeres de Venus. Un día, hace mucho tiempo, los marcianos miraron por sus telescopios y descubrieron a las venusianas. El sólo vislumbrarlas despertó en ellos sentimientos hasta entonces desconocidos. Se enamoraron e inventaron enseguida el viaje espacial y volaron hasta Venus.

Las venusianas recibieron a los marcianos con los brazos abiertos. Sabían intuitivamente que este día tenía que llegar. Sus corazones se abrieron de par en par a un amor que hasta ahora nunca habían sentido.

El amor entre los marcianos y las venusianas era algo mágico. Gozaban estando juntos, haciendo cosas juntos y compartiendo su vida. (...)

Entonces, decidieron volar a la Tierra. Al principio todo era hermoso, maravilloso. Pero los efectos de la atmósfera de la Tierra se hicieron sentir y, una mañana, despertaron todos aquejados de una peculiar forma de amnesia (...).

Tanto marcianos como venusianas olvidaron que procedían de planetas distintos y que tenían que ser distintos. En una sola mañana , todo cuanto habían aprendido acerca de sus diferencias quedó borrado de su memoria. Y desde ese día, los hombres y las mujeres no se entienden.»

 

Él no se expone ante ti como si fuera el único «mono desnudo» de la Tierra; o ella, la exclusiva «mona desnuda», al estilo de Desmond Morris. Ni les apetece aburrirte con sus asuntillos. Ni quieren tu comprensión que no necesitan. Sencillamente, desean que tú no vuelvas a escribir la misma historia. No importa si eres hombre o mujer.

 

Quizás fuera cierto que ellos y ellas tienen un cerebro funcionalmente distinto. ¿Eso resulta compatible con la idea de vivir en armonía si aceptamos con buen grado nuestras diferencias aunque el asunto tenga mucho de genético?, ¡por supuesto! El conocimiento mutuo de lo distinto pudiera servirnos para no ser criaturas de galaxias tan diferentes.

 

No puede justificarse las conductas inadmisibles, ni mucho menos las inhumana y criminales, ¡eso nunca! (¡No, no y no!, por supuesto) porque tengamos instintos. ¿O acaso la especie humana no posee en más alto grado fuerza de voluntad, capacidad de autocontrol y cognición, razonamiento, conciencia, sentimientos positivos de amor, adaptación, etcétera? Pero no podemos negar que seamos, ¡de verdad!, hijos de la Naturaleza. El cuerpo individual es producto de la Evolución y, ¡ojo!, la mente también.

 

Pero no voy a aburrirte más con estas cosas...

 

Un día, en un colegio cuyo nombre no voy a revelarte y del que él era orientador, a la hora del café, un grupo de profesoras, hablaban muy entusiasmadas de Allan y Bárbara Pease, y de su libro: «Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas». Le revelaron que los hombres tenían, por ejemplo, una visión de «túnel», porque en nuestro pasado prehistórico ellos se dedicaban a cazar y necesitaban concentrar su atención en la pieza objeto de la misma y, ellas, dedicadas a la crianza o, lo que se llama «cuidado de la prole», protegían a sus crías humanas en la cueva, y por la necesidad de percibir cuanto las rodeaba lograron una visión con un campo más amplio.

 

Algo parecido a lo de las aves que casi ven lo de atrás, por supuesto, salvando las distancias. Aunque sea cierto que la gran mayoría de la gente no sabe que esto es así, aceptamos que hay muchas confusiones en las conductas entre hombres y mujeres: ¿por qué fueron construyéndose unos cerebros tan discrepantes al hilo de la ejecución de sus roles desempeñados durante miles y miles de años? Y así un día las mujeres vieron que no funcionaba igual que ellos y discutían...

 

Eso, por ejemplo, es lo que venimos comentando que aconteció con la visión, pero, asimismo con cientos de otros asuntos. Se iba propiciando la aparición de patrones de conductas a veces dispares.  

 

«Este libro está dedicado ―escriben los Pease— a todos los hombres y mujeres que alguna vez se han encontrado sentados a las dos de la madrugada tirándose de los pelos por no ponerse de acuerdo en una discusión interminable con su compañero: ―¿Pero por qué no eres capaz de entenderlo? ».

 

Aquellas profesoras decían admiradas sobre sus respectivas parejas: «Es verdad, no encuentran la mantequilla dentro del frigorífico». Que ellos eran mejores conductores por la noche por lo de la visión de túnel. Que efectivamente ellas conducían mejor de día. Que ellos no se enteran bien de lo que les rodea, mientras que la mujeres no se les escapa detalle. Que las mujeres no entienden los mapas y ellos no escuchan...«Las relaciones de pareja ―escriben los Pease— suelen fracasar porque los hombres todavía no entiende que una mujer no es como un hombre».

 

Estas cuestiones las habían hablado entre ellos muchas veces. ¿Entonces por qué no llegaron a nada positivo? Yo creo que ambos, pese a entender que esas cosas son así, no quisieron (¡de verdad!) ver lo que les separaba, aceptar y trabajar las diferencias y, desarrollar la dimesión super humana de la compresión, que desemboca en el mar de la maravillosa vivencia de las relaciones de pareja.

 

Un juego de acople, por otro lado, más bien estimulante...

 

Este artículo se me hace un poco largo, así que dejaré para otra entrega la reflexión: ¿se han descubierto dos cerebros en los seres humanos?, o, ¿por qué no encuentro mi media naranja?..

Un saludo

JF González

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Comentarios: 4
  • #1

    Mila (viernes, 20 julio 2012 03:17)

    Enhorabuena por esta web. Es fabulosa para navegar. Dulce y relajante. Equilibrada y ordenda. Tus escritos son reflexivo y recomendables. Felicidades! Mila

  • #2

    MGR (martes, 24 julio 2012 04:01)

    Me gusta mucho esa forma que tienes de escribir con sentido del humor.
    Efectivamente algo tiene que haber diferente entre el hombre y la mujer que rompe el mito romantico de "contigo pan y cebolla". Pero las diferencias y el rechazo se producen entre mujeres contra mujeres u hombres contra hombres. Creo que en el cerebro se cuece la alquimia de la personalidad: el contenido cultural y las ideologias que se se crean en la red neuronal son diferentes y son causa de la intolerancia. No hay duda que esta intolerancia viene de lejos, aprendidas durante millones de años por la supervivencia. Ellas si se dedicaban a una serie de actividades desarrollarían capacidades distintas, y ellos lo mismo. Creo que cada cerebro vive en su burbuja y se tiene que adaptar al medio. Pero el cerebro tiene tomate. O mejor, el cerebro tiene energia. El cerebro es la bombilla cargada de electricidad. Yo creo que por eso nos electrocutamos muy a menudo los uno a los otros

  • #3

    Ana Isabel Gavín (sábado, 08 diciembre 2012 02:00)

    En estos tiempos en que proliferan políticos y técnicos en planes de igualdad, en muchos de nuestros Ayuntamientos, yo me pregunto…
    ¿Por qué dicen que los hombres son de Marte y las mujeres de Venus?
    ¿Por qué no se consigue tener mayor empatía entre ambos sexos en la edad madura?
    …y me respondo a mí misma
    Yo creo que se trata de un problema de educación (sobre todo de las personas responsables de dicha formación), de entender la igualdad entre sexos con profundidad, con honestidad, con benevolencia y no entendiéndola como un problema a solucionar . La igualdad debe estar basada en la espontáneidad y en la mayor de las naturalidades. Los niños han de educarse como personas y no como integrantes de uno u otro género(dígase masculino o femenino). Las niñas es importante que disfruten igual que los niños varones de la madre naturaleza, que ambos aprendan a estar en contacto con ella, que trepen a los árboles, que corran, que suden, que escalen obstáculos, que vayan por caminos serpenteantes y estrechos , que se bañen en los ríos, que sepan oler la hierba después de la lluvia, que jueguen en libertad, que no estén dirigidos o manipulados por adultos y que florezca en ellos la imaginación. Que no tengan prisa por ser mayores y que no se enfaden cuando alguien les tache de infantiles. Que a los “niños-pequeños hombrecillos” se les valore desde la más tierna infancia por su sensibilidad y que se les estime por ello, por mostrarse cariñosos o tristones, por ser “especiales”, pues al final todos lo somos niños-niñas, hombres.mujeres en la misma medida.
    Gracias por leerme, aunque esté equivocada.

  • #4

    José Francisco González (sábado, 08 diciembre 2012 12:39)

    Me encanta Ana, la reflexión que haces, totalmente de acuerdo, felicidades!!!, en plena sintonía contigo. Un abrazo