LA HIPERACTIVIDAD EN LOS NIÑOS

Hiperactidad
¿Hacemos niños hiperactivos?

Esta es una gran preocupación para muchos padres: ¿es mi hijo hiperactivo? Existen  causas diversas que provocan la conducta hiperactiva. No podemos excluir la herencia con las características funcionales del sistema nervioso, análisis que abordan frecuentemente los neurólogos, pues para que un niño se considere hiperactivo debe ser diagnosticado por estos facultativos. 

 

Pero no es éste el aspecto que deseo destacar aquí al abordar la hiperactividad desde el ángulo de la atención-concentración y el autocontrol, es decir: es un problema que puede trabajarse a través de lo ambiental independientemente de la posible medicación.

 

¿Hacemos hijos hiperactivos?...

 

Independientemente del fenómeno somático, que muchas veces justifica creer que la hiperactividad se “cura” con fármacos, hay muchos indicios que apuntan a que nuestra forma de vivir afecta también a los niños, y estos provoca fenómenos como el incremento de la hiperactividad, el estrés y muchos otros problemas.

 

¿Ocupamos a nuestros hijos demasiado en hacer cosas y en estar todo el día en “movimiento”? ¿Los ponemos en exceso delante de ordenadores, consolas, tv, etcétera? El estrés que llega al adulto, por un exceso de actividad o problemas emocionales, es también un fenómeno que puede afectar a nuestros hijos. Lo que rodea al niño y pertenece al universo de los adultos, al proyectarse sobre ellos, también cristalizan en muchas formas distintas, en su conducta y personalidad. Una de ellas se expresa en el incremento de las conductas hiperactivas, en una deficiente atención, y muchos otros problemas.

Hay que reflexionar si nuestros hijos son víctimas de nuestro estilo de vida
Hay que reflexionar si nuestros hijos son víctimas de nuestro estilo de vida

Desde este punto de vista, ¿cómo abordar estos problemas? Una idea esencial: la familia debe estar motivada para lograr un clima-ambiente de calma familiar. También a veces  debemos aprender a no hacer nada, tomarse la vida positivamente, disfrutar del aquí y el ahora, no hacer de todas las cosas algo de rendimiento económico y social, disfrutar de las relaciones y la comunicación, etc.

 

Si estas cosas están en la vida de los adultos sin duda se proyectará en los niños en forma de equilibrio afectivo-emotivo. Hay que admitir que los niños deben ser generalmente dinámicos y muy activos, pero  también el exceso de actividades y de responsabilidades  les estresa, igual que a sus padres. Debemos ser moderados en nuestras exigencias. Causa que potencian más aún la conducta hiperactiva es el exceso de cosas y actividades sin control…

 

Hay que reflexionar si los niños son víctimas de nuestro estilo de vida. Medita sobre ello y proporciones a tu hijo la tranquilidad y la armonía que necesita para su desarrollo personal.

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