FRACASO ESCOLAR

Colegio
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La educación algo demasiado importante

   Ha sido en la práctica diaria donde he podido aprender que la escuela es un medio esencial en el desarrollo de las personas. La educación resulta algo demasiado importante para dejarla en manos de la política. En los colegios interactúan profesionales muy diversos (matemáticos, físicos, filósofos, artistas, biólogos, psicólogos, filólogos…) y es el medio natural donde existe una relación reciproca por lo menos de dos generaciones y prácticamente casi todas la edades de la niñez y la adolescencia.

Edades juntas

   Me ha llamado poderosamente la atención cuando aún se podía trabajar como psicólogo escolar desde infantil hasta la finalización del bachillerato ver ese conjunto de años evolutivos de niños, adolescentes y jóvenes, trabajando intelectualmente y, relacionándose en espacios pedagógicos muy próximos. Es como tener delante de ti y a un solo golpe de vista todas esas edades juntas a expensas de la observación psicológica y evolutiva. Por otro lado, está el profesorado y sus familias.

Baúl del sastre

   Nunca he dejado de preguntarme por el dichoso “Fracaso Escolar”, denominado como el “Baúl del sastre”... Debo decir que nunca he estado conforme con las prácticas de los diversos sistemas educativos implantados (otra cosa son los planteamientos teóricos) Ni me ha gustado la frecuente injerencia absolutista de los políticos de turno a la hora de la elaboración de las leyes educativas. Es curioso que siempre quienes menos han contados son los alumnos, los profesores y sus familias. Lo cual es un gravísimo error de cálculo por mucho que se diga; y el otro error imperdonable es no dotar de medios económicos verdaderamente potentes y controlados toda la inversión que exige la educación. Han existido inversiones pero también mucho descontrol y fraude, y el dinero venido de Europa ha resultado ser en muchos casos una verdadera cueva de Alí Babá…

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Fracaso Escolar
El autor del artículo

No podemos seguir igual

   No podemos mantener ya una escuela como la que tenemos, hasta los niños pequeños la sufren como soporífera y mareante, y no digamos según van creciendo con lo que nos vamos encontrando. Muchas veces me he dicho que si fuera verdaderamente empático con los alumnos yo sería el primero en salir corriendo. No fracasan los alumnos, fracasan los sistemas, quizás los colegios con sus profesores, las familias con sus hijos y la sociedad con sus ciudadanos. Pero el alumno en principio es la parte más inocente y frágil de este maremágnum que es la educación en España. Los alumnos no se identifican con lo que se les enseña porque frecuentemente la oferta curricular no tienen una relación práctica con la vida de su entorno ni se acerca a sus necesidades y motivaciones. A los alumnos les cuesta ser entusiasta y les escuchamos con bastante frecuencia decir:

 

—¡Esto es un rollazo!

 

Desmotivación y aburrimiento generalizado

   Y además porque lo que dicen es verdad. En las edades más tempranas falta el dinamismo de una verdadera educación en la creatividad y aunque se nos llene la boca de que somos altamente revolucionarios y creativos en nuestras prácticas pedagógicas, yo creo que son los niños pequeños en ensimismo más innovadores que todos esos programas educativos muchas veces llenos de fichas y coloridos y por una maniática y fastidiosa costumbre de querer hacerlos genios (y figuras hasta la sepultura) y, ¡claro!, super-competentes.

   Lo malo es que en la ESO de treinta y cinco a cuarenta alumnos de un total de cien no terminan la educación secundaria obligatoria y en el bachillerato solo lo pasa la mitad de cada cien. Y no es porque no tengan capacidades sino que andan aburridos, desmotivados, colgados por otros asuntos…

   En la primaria: ¿cómo van a llegar con grandes deseos y motivaciones de aprender si desde infantil hay ya alumnos realmente aparcados?; y aún así ahí están en los ciclos primeros intentándolo con cierto entusiasmo. Pero a eso de 5º y 6º de la primaria, la escuela para muchísimos de ellos comienza a ser una autentica tortura.

Un cambio
Fracasamos todos

   Desde la disposición de las aulas, la apatía y la falta de información de muchas familias, y un profesorado a veces harto y otros acomodado; y esos métodos didácticos propios de la enseñanza rancia de siempre que cada curso va moviendo las concejalías de educación de cada autonomía (o el Ministerio) con una hartada de siglas que parecen ir a los mismos asuntos pero vistiendo y desvistiendo a la mona con el mismo vestido.

   La forma de abordar los contenidos, el aburrimiento generalizado, y una sociedad anodina y preocupada por el consumo y, ahora por la crisis, es en sí mismo mareante: ¿cómo no vamos a ir en la cola de los fracasos no solo de Europa sino del mundo entero?

   Cuando ya llegamos a la secundaria obligatoria y observamos a los adolescentes con esos planteamientos educativos tan alejados de la vida ordinaria, aunque nos lo vendan con tecnología de última generación, ¡es insufrible!

   En la educación casi toda la gente anda aburrida, desmotivada, cansada, agobiada, hastiada, molestas de tanta improvisación.

 

La botella está medio vacía y no medio llena

Es verdad que los planteamientos son cada vez más profundos y científicos, pero, aquí pasa igual que con la investigación y el aprovechamiento de nuestros intelectuales que tienen que salir por piernas fuera de nuestro país…o les espera una eternidad de “becarismo”. Claro que nuestros alumnos no pueden salir en masa a lo coles de otros paises, ¡faltaría más!, menudo gasto para el Estado

 

Dirás que soy pesimista, pero ahora es para ver la botella medio vacía o, eres una persona medio ciega e intentas ver el asunto medio lleno, lo cual nos lleva otra vez a permanecer en lo de siempre.

 

Personalmente creo que debemos comenzar una revolución en la escuela. No digo que lo tiremos todo, pero sí muchas cosas. Hay muchos asuntos positivos, pero ¡bueno!, que exista este enorme”Fracaso escolar” es porque hay algo que huele a podrido, cuando el rio suena es porque agua lleva, ¿o no?...

 

No soy radical pero si hay cosas que me tocan la narices...

 

Un saludo cordial,

José Francisco

 

 

 

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