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mar

14

ago

2012

INCREMENTAR LAS CONVERSACIONES ENTRE LOS MAYORES EN LAS RESIDENCIAS Y LOS CENTROS DE DÍA

Un ambiente-clima positivo para nuestros mayores

¿Es posible objetivamente mejorar la interacción entre las personas en las residencias y los centros de día? Todo sucedió hace ya algunas décadas en un hospital para mayores en Canadá, en la ciudad de Saskatchewan. El director se llamaba doctor Humphry Osmond. Estaba preocupado porque las personas de su institución apenas si conversaban y se les notaban demasiado tristes y frecuentemente deprimidos. Osmond tenía un centro con habitaciones espaciosas, limpias, iluminadas y de colores alegres, los muebles perfectamente ordenados y en su sitio, los auxiliares eran de trato amable y capacitados, pero, la gente conversaba muy poco entre ellas, la disposición del mobiliario era "siciófuga" y mantenía a la gente separada. ¿Por qué sucedía esto?, se preguntaba, sin dar con las claves exactas.

 

Por eso un día llamó al psicólogo Robert Sommer y le encargó que investigara el asunto. Según nos cuenta el antropólogo americano Edward T. H., Sommer cogió como objeto de sus pesquisas estudiar la relación que existía entre el mobiliario y las interacciones entre estas personas. Comenzó a ver qué tipo de comunicación se producían en las mesas que allí había, pero esta vez cogió una rectangular de 0,97x 1,72 m, donde podían sentarse seis personas. Anotó minuciosamente todos los datos observados en las interacciones, en 50 sesiones .

 


Dibujo Mariano González y Mesa de interacciones de R. Sommer

Se obtuvieron seis distancias y orientaciones corporales distintas para todos los posibles contactos que podían hacer allí esta personas (ver imagen): (1): a través de las esquinas [F-A]; (2) hombro con hombro [C-B]; (3) a través de la mesa[C-D]; (4) de un extremos a otro[E-A]; (5) En diagonal, a lo largo de la mesa[E-F]; (6) en diagonal, a lo ancho de la mesa[C-F].

 

Anotó que se hacían el doble de conversaciones entre las esquinas comparadas con aquellas otras que la alineación era hombro con hombro, y éstas eran a su vez tres veces más frecuentes que las que se hacían entre la mesa, o a través de la mesa, y en las restantes posiciones no se conversaba.

 

Las consecuencias de aquellas observaciones llevaron a que, con la colaboración positiva de los trabajadores auxiliares, se cambiaran las disposiciones espaciales y el uso del mobiliario del centro. Hubo resistencia a que las cosas cambiasen. Por ejemplo, estaban acostumbrados al emplazamiento de las sillas, las ubicaciones de mesas y los puntos en los que se sentaban, etc.

 

La situación del mobiliario cambió para que estuviera más accesible a las personas, y no como mera disposición decorativa, se pusieron mesitas que potenciaba el contacto a través de las esquinas y posición hombro con hombro. Cuando el ambiente se normalizo el clima del centro fue mucho más dinámico y animado, menos triste y despresivo:

 

« Se produjeron entre -escribe Edward- las personas mayores una duplicación de la conversaciones que mantenían, y las lecturas en las mesas donde había material para ello, se triplicó (...) Una restauración semejante de la sala que utilizaban los mayores en otras horas del día sufrió también análogas resistencias al cambio pero cuando se aceptó la nueva disposición aumento considerablemente la interacción verbal».

 

Nos advierte Edward que: la disposición tipo F-A (esquina en ángulo recto) conllevan conversaciones de cierto tipo. Lo deseable: que exista flexibilidad y variedad en el espacio y que las gentes se sientan implicadas y en vueltas en ellos, y que es beneficioso una organización del espacio semi-fijo que favorece el comportamiento positivo. Es decir, es bueno romper el orden rígido de los espacios y la disposición de sus objetos y el mobiliario en función de que las personas estén más cómodas e interactúen más y más agradablemente. A veces se obtienen espacios y ambiente exquisitos pero devastadores para los encuentros humanos.

 

Las interacciones son más favorables en círculo, las mesas circulares son mejores que la rectangulares para conversar e interactuar, y las orientaciones corporales de las personas más que enfrentadas, conseguir un cierto ángulo de interacción entre ellas.

 

En fin, que la comunicación se ve favorecida cuando tenemos en cuenta una mejora en el clima y ambiente de los Centros de Día y las Residencias para mayores. Osmand denominaba a los espacios y disposiciones de los muebles en semi-fijos cuando eran sociópetas” o que  tienden a mantener a la gentes unida.

 

En mi caso, recomiendo trabajar los cuadernos “Vivir con calidad” en mobiliarios amplios y circulares, cuando los ejercicios son de mesa.

 

José Francisco González

 

 

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